Estos son los últimos años de la etapa infantil y quizás por eso sean los más controvertidos. Es la etapa preadolescente

Será la primera vez que esté en juego la necesidad de emanciparse de ese lugar en el que años atrás se vivió la protección y el hogar. Es el momento en el que ha de soltarse a la familia, sin dejar de llevar consigo la fuerza de sus valores, para ir progresivamente necesitando más la vida en sociedad con los amigos.

El otoño pide integración, consolidación, desapego y libertad. Y en el caso de los 10 a los 12 años esto se necesita hacer desde el RECONOCIMIENTO a la capacidad del preadolescente de cada una de estas cosas.

Los niños y niñas de estas edades buscan su equilibrio interior a través del equilibrio de lo que hay fuera. No es de extrañar que pongan a prueba dicho equilibrio midiendo la integridad y honestidad de los adultos que les rodean.

Es importante para ellos que esa integridad adulta sea sincera y verdadera, y tal vez por eso duden de la plenitud familiar, pidan libertad (aún teniendo miedo a esta), comparen su casa con las de sus amigos, ataquen a sus padres para poner a prueba sus valores y así cerciorarse de que estos son sólidos y de que les sustentarán cuando salgan al mundo, …

El preadolescente está consolidando e integrando todo lo que fue aprendiendo años atrás y ahora lo pone a prueba a través dos actitudes opuestas:

  • El deseo de hacer cosas en familia y de seguir apegado al cariño y cobijo familiar
  • El relativo rechazo a su familia, priorizando querer estar con sus amigos, para aprender a despegarse de su infancia y comenzar a abrir sus alas sociales.

De 0 a 12 años se forma la identidad social familiar

Sin embargo, de 12 a 24 se construye la identidad social por excelencia, lo que implica que la primera haya de estar muy bien consolidada, más allá de que en el transcurso de la segunda aparezcan altibajos emocionales y crisis de identidad, totalmente normales, pero no preocupantes si los valores familiares han sido bien definidos e integrados, primeramente, por los padres y después por el preadolescente.

La normalidad de los niños de estas edades es que se quejen de sus padres (han dejado de considerarlos poderosos y empiezan a verlos como humanos normales) y también de las normas y limitaciones que tienen para estar con sus amigos.

Aún así, prefieren que sus padres establezcan estas normas para encontrar esa armonía (equilibrio) que tanto necesitan, y para ver y sentir sólida esa estructura familiar de referencia y en la que apoyarse para salir al mundo.

Os dejo algunos apuntes básicos para acompañarlos en esos momentos tan críticos y que, sin duda, serán de las transiciones más importantes que experimenten en su vida:

  • Valores familiares explícitos
  • Pautas claras de comportamiento, con normas que tengan un porqué y un para qué
  • Comunicación para dialogar y negociar, fomentando habilidades sociales
  • Espacios de libertad, autonomía, e intimidad con sus amigos, en los que puedan estar protegidos, pero lejos de la curiosidad y mirada adulta

Por último, recordad que existe una relación directa entre la relación de los padres y la autoestima de sus hijos

 ¡¡Ánimo con esta etapa!!

Fotografía @estelaruedafotografia