Estos son conceptos muy usados en el ámbito educativo, y seguramente hayas oído hablar de ellos y de lo necesarios que son en la etapa infantil.

No importa la cantidad de veces que los hayas oído nombrar; lo importante es tenerlos presente siempre, sobre todo si eres alguien que se dedica a la enseñanza o a la crianza.

Hablar de ellos por separado no tiene sentido en este contexto. Es más, en ocasiones se funden el uno con el otro, adquiriendo significados similares.

Los dos son interdependientes, y en la medida en que uno está presente el otro también aparece.

La etapa infantil necesita madurar el primero de los cerebros; este es el CEREBRO REPTIL, según la teoría del cerebro trino o triuno de Paul Maclean. Este cerebro es el de la supervivencia, el que te permite valerte por ti mismo y responder de forma práctica y resolutiva a tus necesidades básicas.

Para que esto suceda, no podemos obviar los dos conceptos anteriores. Y es por este motivo por el que se hacen tan necesarios.

Independencia es no depender de nadie para realizar algo; valerte por ti mismo.

Autonomía se relaciona con la voluntad y la capacidad resolutiva para ello.

Ser pequeño, ser un niño, no es ser vulnerable, no te hace indefenso; sólo te hace necesitar de personas adultas que sepan acompañarte, guiarte y supervisar tus primeras experiencias vitales.

La infancia es el momento más apropiado para construir la propia CONFIANZA; es la tierra en la que se ha de sembrar la FUERZA, la VOLUNTAD y el PODER PERSONAL.

Considerar a un niño vulnerable y débil es una creencia equivocada y limitante, que puede provocar grandes destrozos en la autoestima y el autoconcepto personal.

Por el contrario, visualizarlo como un ser con capacidades y recursos, los cuales hay que extraer y permitir que desarrolle desde la confianza en él, es lo que hará que crezca como un ser libre, independiente y autónomo. Y más allá de la necesaria maduración de su primer cerebro, permitirle así avanzar también, de forma adecuada, en sus posteriores procesos madurativos.

De los 0 a los 12 años estamos desarrollando y afianzando nuestro propio PODER PERSONAL, nuestra VOLUNTAD. Sin embargo, la etapa inicial y más importante donde esto ha de darse, es de 0 a 4 años, pues es cuando más necesitan que esto tenga lugar, a pesar de que la tendencia adulta sea a considerarlos más frágiles.

Un buen establecimiento de rutinas y ritmos; espacios y materiales para el movimiento y el desarrollo motriz; permitirles hacer tareas cotidianas y sencillas; confiar en sus capacidades y posibilidades; pero, sobre todo, y fundamentalmente, ser adultos con autoridad, competencia práctica y confianza personal, son elementos que van a favorecer el desarrollo de estos dos conceptos.

Recordad siempre que cualquier tipo de cosa que queramos que los niños desarrollen, pasa primero por experimentarlo y vivirlo en nosotros mismos. Existe una conexión muy primaria e inconsciente entre los niños y los adultos que se encargan de su cuidado. Conexión que no se manifiesta en las palabras sino en los hechos y en la comunicación no verbal.

Por eso, es de vital importancia que ser independientes y autónomos pase primeramente por ser EJEMPLOS SOSTENIBLES del significado de ambas palabras.