A pesar de la existencia de varias teorías neurocientíficas del aprendizaje, que hablan sobre cómo está conformado el cerebro, y cómo esa conformación influye en la forma de madurar, evolucionar y aprender de los seres humanos, es importante destacar, no sólo que todas ellas se nutren y que son un complemento de las otras, sino, además, que esto sucede así gracias a que el cerebro es una estructura interconectada e integral.

Esta característica es la que va a hacer que, aún tratando una parcela concreta de dicha estructura, se estén también activando o desarrollando otras, las cuales se benefician, inevitablemente, de la maduración de sus otras partes.

De estas teorías, las cuales todas son importantes por el motivo anterior, la del cerebro triuno o trino, planteada por Paul MacLean, es la que permite entender, bajo mi punto de vista, de una manera lógica y comprensible, las etapas evolutivas por las que pasamos a lo largo de nuestra vida.

McLean plantea tres sistemas cerebrales independientes (cerebro Reptil, cerebro Límbico y cerebro Neocortical) cada uno con su propia estructura, con su forma subjetiva de funcionar, con su propia inteligencia especial, pero a la vez, sistemas interconectados.

Esta idea es la que ayuda a percibirnos y entendernos de dos maneras, si bien, diferentes, ambas necesarias:

  • La primera es saber o darse cuenta que nuestro comportamiento tiene un carácter holístico e integrador, que hace que conocer a una persona no se limite a hechos concretos o situaciones determinadas, sino que sea necesario profundizar en todos los aspectos de su proceso vital.
  • La segunda es tener en cuenta el momento madurativo por el que cada individuo está pasando, caracterizado por determinados hitos que suponen estadios concretos y momentos evolutivos necesarios y particulares.

Estos dos matices, lo holístico y lo particular, son los que van a ayudar a comprender que, aunque un niño esté pasando por una etapa evolutiva concreta y haya de superar, madurar o transitar determinadas cosas, para las que necesite determinados apoyos, las otras estructuras de su cerebro también están funcionando y madurando en su medida, aunque no sean las protagonistas en ese momento evolutivo.

Dicho esto, y teniéndolo muy en cuenta, quería hablar muy brevemente de la forma de estructurar y entender estas etapas, que me ha ayudado a comprender a los niños e incluso a mi misma, y de la que hablo en otro de mis posts (“Etapas evolutivas de la Infancia: 0 a 12 años”). Y es la que aprendí de Joaquina Fernández, gran investigadora del ser humano, maestra y madre espiritual.

Según su investigación, sucede lo siguiente en los ciclos evolutivos de 12 años:

  • De 0 a 12 años el ser humano madura de forma completa su Cerebro Reptil. Es el cerebro de la supervivencia y a estas edades es muy importante aprender a ser autónomo e independiente.
  • De 12 a 24, madura el Cerebro Límbico, el cerebro de las emociones y su gestión. Es por ello que muchos jóvenes encuentran tantos retos emocionales en la sociedad en la que se sumergen.
  • De 24 a 36, madura el Cerebro Neocortical, el de la razón, la argumentación, las ideas, los conceptos, la comunicación, … Son años en los que ha de encontrarse el propósito de vida, la idea de ti mismo con la que vienes al mundo.
  • De 36 a 48 la vida pone a prueba todo lo aprendido en los años anteriores. Es el tiempo para expresar quién eres, liderarte y decidir cómo quieres manifestar tu propósito al mundo.
  • De 48 a 60 te pones al servicio de tu propósito y lo entregas, liberando rencores, apegos y ataduras.

La profundidad de este contenido es mucho mayor de lo que puedo contar en este post. Sin embargo, espero que estas pequeñas pinceladas sean útiles para comprender esa conexión particular entre el cerebro y la evolución humana.

Ilustración @estelaruedaeducacion