De 0 a 12 años pasamos por el invierno de nuestra vida. En estos años madura el cerebro reptil, que es el cerebro de la SUPERVIVENCIA.

Sin embargo, los primeros 4 años de esta etapa de doce, son los más invernales.

Significan la base de la maduración reptiliana, que es la que permitirá que se desarrollen otras áreas; es el primer comienzo, el nacimiento. Un nacimiento que marcará muy importantemente, no sólo los demás inviernos que hayan de venir, sino también las bases sólidas de la vida de una persona.

En un post anterior, os contaba que el hecho de relacionar una estación del año, con una franja de edad determinada fue algo que aprendí formándome con mi maestra espiritual. Ella basaba buena parte de sus argumentos en la visión y principios orientales de la vida, concretamente en la Teoría de las 5 actividades elementales, que explica la relación cosmológica entre el ser humano y el Universo. Una visión que defiende la vida en armonía y la esperanza de vida bajo la premisa de conectarse con las grandes fuerzas de la naturaleza; fuerzas que además forman al ser humano y al medio ambiente que lo rodea. Ir en contra de estas fuerzas naturales, es ir en contra de nuestra propia vida. De ahí que sea fundamental tener en cuenta cada estación del año y comprender que cada una responde también a un ciclo evolutivo.

Por eso, volviendo al tema principal de este post, ¿qué es importante saber del período invernal y cómo se relaciona con la etapa evolutiva de 0 a 4 años?

El invierno no invita a salir, sino a quedarse dentro. La propia naturaleza parece haberse quedado quieta, hierática y muerta. Pero lo es cierto es que la vida está latente en el interior; está fortaleciéndose y robusteciéndose, para que al llegar la primavera crezca vigorosa y espléndida.

Es un período en el que nuestra naturaleza humana pide ritmos y rutinas que organicen la confianza personal y potencien la voluntad. Ser prácticos y observadores ayuda a encontrar los mejores recursos de bienestar; un bienestar que no lo da el clima, sino que cada persona ha de ser capaz de encontrar el suyo propio, construyéndolo desde lo más interno. Eso implica tener que conocer las necesidades personales en el ámbito físico, emocional, racional, expresivo y relacional.

En el caso de los niños de 0 a 4 años lo más importante y necesario es que fortalezcan y desarrollen su parte física. Y no es que hayan de descuidarse los otros ámbitos; no, no hay que hacerlo, pues faltaríamos al principio holístico e integrador de lo que somos. Lo que ocurre que la herramienta de conocimiento que trae el niño nada más nacer, es su cuerpo y todo lo que a este le conforma o le lleva a conformarse.

El cuerpo y todo lo que este implica es muy importante: sueño, higiene, alimentación, movimiento, sentidos, sensaciones, observación, imitación, etc.

Por eso, en estos años se tiene que tener mucho más presente los aspectos de SUPERVIVENCIA, INDEPENDENCIA, AUTONOMÍA, CONFIANZA EN LAS PROPIAS POSIBILIDADES y VOLUNTAD; son años en los que los niños han de SER RECONOCIDOS para APRENDER A RECONOCERSE y reconocer a otros.

El invierno es la estación del AUTOCONOCIMIENTO. Es aquella que da respuesta al QUÉ de nuestra vida.

Es el período en el que suele resultar más complicado equilibrar la balanza de la protección y la experimentación. Saber ofrecer estas dos cosas al pequeño, confiando en nuestra autoridad, confiando también en la autoridad del niño, protegiendo sin posesión y sin miedo, y dando espacios y posibilidades para el movimiento, la autonomía y el desarrollo del poder propio, es uno de los retos que generan más tensión en los adultos.

Sin embargo, el niño necesita PROTECCIÓN, gestionada con AUTORIDAD y LIBERTAD.

Pero ¿cómo se hace todo esto? Teniendo en cuenta y respetando las rutinas del pequeño (tenéis un video en el que hablo sobre las rutinas). Éste ha de aprender ha reconocer la autoridad de sus padres, la del clima, la del sueño, la de la comida, la de la higiene, la de su cuerpo y su movimiento.

Reconocer lo que es AUTORIDAD (tenéis un video en mi apartado de videos donde hablo de ella) en todos estos ámbitos lo hace a través de sus rutinas diarias. Ese reconocimiento y esa autoridad le otorgará VOLUNTAD, y con ella se formará su AUTOESTIMA.

Para eso, es imprescindible respetar sus espacios y sus tiempos. Cuando no se respetan, puede sufrir enfermedades innecesarias. Por ejemplo, una forma de no respetar sus ritmos y de romper su autoridad es exponiéndole a ruidos no familiares antes de que su oído esté preparado. Cuando es tan pequeño, no debería ser objeto social. Hasta el 1º año sólo debe estar rodeado de personas cercanas. Lo que hay que hacer es observarle y tener rutinas diarias para que aprenda a respetarlas. En ningún caso romperlas por eventos o acontecimientos sociales, fuera de su espacio íntimo y familiar. Esto puede ser causa de irritación de su intestino y derivar, en algunos casos, en cólico de lactante. Tampoco hay que ponerle música clásica. Su cerebro no está preparado para ella; sus hemisferios están desconectados aún; la música clásica los conecta y todavía no está preparado para que eso suceda. Sí es adecuada y apropiada la música atonal, de delfín o de ballena.

No trato de que estos ejemplos sean motivo de discusión o discordia, simplemente los expongo para que los tengáis en cuenta, podáis experimentarlos (si queréis) y comprobar si pueden ser certeros en vuestro día a día con los niños.

Tened en cuenta que cada familia y cada niño es diferente, y llevarlos a cabo depende de circunstancias y situaciones personales.

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Fotografía @estelaruedafotografia