El otro día tomé conciencia de que podía saber con antelación lo que iba a hacer mi madre, sin que ella me dijese nada. Fue un pensamiento que pasó por mi cabeza observándola. En esa observación pude deducir hacia dónde iba y lo que tenía pensado hacer. Cuando finalmente hizo lo que yo pensaba, llegué a la conclusión de que eso era algo que había hecho desde niña: la observación hacia mis mayores me había permitido adelantarme a sus movimientos y acciones. Observarles en sus rutinas y su cotidianidad, no sólo me ha hablado de sus acciones posibles, sino también de lo que se necesitaba hacer en casa.

OBSERVAR me dio confianza en el día a día, me ayudó a desarrollar mi capacidad para sobrevivir, incluso me facilitó adelantarme y realizar yo las tareas sin que nadie me lo dijese, lo que me ha fortalecido en autonomía, confianza y capacidad personal.

He observado que igualmente mis alumnos en el aula son como yo cuando era pequeña. En numerosas ocasiones, se han adelantado a mis acciones, ofreciéndome aquello que iba a necesitar, o simplemente realizando ellos la tarea antes que yo.

La primera herramienta que tiene un niño para su supervivencia y para adaptarse a su entorno y confiar en las personas adultas con las que está, es la OBSERVACIÓN. Y ésta, al mismo tiempo, le convierte en una PERSONA TELEPÁTICA de las acciones de sus mayores.

Sin embargo, el niño no sólo observa lo que hacemos, sino también CÓMO lo hacemos y la ENERGÍA que ponemos en ello. Son datos que le permiten poner la misma energía, voluntad y entusiasmo en sus quehaceres diarios.

Cómo puede saber esto un niño, o cómo podemos saberlo nosotros incluso ya siendo mayores. Pues porque la observación infantil o las primeras observaciones que hemos realizado en la infancia, están muy conectadas con el INCONSCIENTE y la COMUNICACIÓN NO VERBAL de los adultos que nos rodeaban (son aquellos mensajes que se dan de forma no verbal, pero sin ser conscientes de que se están dando).

Esa conexión es la que nos permite tener TELEPATÍA o INTUICIÓN o, simplemente, conectar con la energía del PRESENTE. Nacemos así, sin embargo, a medida que vamos creciendo, esa conexión con el presente se va debilitando porque pasa a un segundo plano.

De 0 a 12 años está madurando el PRIMER CEREBRO. Paul McLean, lo llamaba Cerebro Reptil, en su Teoría del Cerebro Triuno. Pero, por ejemplo, Rafa Guerrero, un investigador más actual, lo llama Cerebro Rojo en su libro “El Cerebro Infantil y Adolescente”. Este cerebro es el que tiene que madurar primero y favorecer los procesos madurativos siguientes. Y está relacionado con el grado de confianza, sostén, poder personal, autonomía, independencia, capacidad, voluntad, fuerza, y practicidad que tenga una persona.

De entre muchas de sus características, quiero destacar dos:

  • es un cerebro inconsciente (no hay consciencia en sus acciones)
  • es un cerebro presente (no vive ni en el pasado, ni en el futuro)

Destaco estas dos características (pudiendo haber otras muchas razones) para apoyar de forma sencilla porqué de niños somos capaces de conectarnos con nuestros adultos en sus más inconscientes y desconocidos pensamientos. Sabed que los niños nos modelan sin saber que lo están haciendo, y son capaces de conectarse con nuestra energía presente sin saber también que lo hacen. Es por ello que, en términos generales, de pequeños somos menos rencorosos que de adultos, y amamos a nuestros padres hagan lo que hagan y por encima de cualquier cosa.

Y desde aquí es desde donde quiero conectar la Observación y la Telepatía.

El niño observa, porque es una herramienta que trae consigo y por eso comprende el mundo y a las personas que le rodean. En esa gestión de la información que le llega (no todos observamos lo mismo; cada uno observa desde sí mismo y desde el rol que sabe que puede ocupar en su familia o en su entorno), es capaz de anticiparse de forma presente a las acciones del adulto. La observación le permite estar presente, modelar, repetir y adquirir aquellas cosas que le sirven en su supervivencia y adaptación, y que favorecen el adecuado desarrollo de su cerebro reptil.

Para que la OBSERVACIÓN y CONEXIÓN CON EL PRESENTE nos pueda acompañar siempre y no se debilite a lo largo de los años, es importante tomar conciencia de ser, para los pequeños, BUENOS EJEMPLOS y MODELOS, y preservar y perseverar en VALORES FAMILIARES que sostengan su vida, y que les ayuden en su adolescencia y juventud, cuando les llegue el momento de “desconectarse” o distanciarse de sus padres al cumplir 12 años.

Es probable que muchos de nosotros no hayamos tenido modelos adecuados en determinados aspectos de nuestra vida. En mi caso, cuando esto ha sucedido, he tenido que aprender por mí misma lo contrario de lo que el modelo me enseñó.

Eso me ha hecho pensar que, aun no teniendo buenos modelos y ejemplos de aprendizaje, existe una parte muy interna y profunda de nosotros mismos que nos empuja a querer hacer las cosas de otra manera o a querer transformarnos desde el amor.

Por eso, en la escritura del manual de instrucciones de todo niño, que crece y evoluciona, no todo se escribe bajo la mirada y el ejemplo adulto. El propio niño tiene mucho que decir, y de forma inconsciente en los primeros años, ya es capaz de observar, manifestar y determinar lo que quiere aprender, aunque no lo sepa aún, de forma consciente.

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